PaulaFDCTE

Paula Cuesta

Llegamos cerca de las 11 de la mañana con cobija, sacos, gorro y guantes en la maleta. Algunas también con termo y yerba, o sleeping y carpa. Iba a ser una noche larga. El pañuelo verde siempre visible, en el cuello o en el pelo o en la mano. Si algo me había sorprendido en los últimos meses era la capacidad que tuvimos de vestirlo con todo, encontrándole mil y una combinaciones. Qué creativas nos pusimos para combatir, como si en nuestros miles de verdes estuviéramos anticipando el millón de mujeres que fuimos más tarde, igual de variables y diversas.

“Ché, va a hacer frío en la madrugada” me decía una compañera mientras miraba mis tres capas de ropa aparentemente insuficientes. No fue hasta las 4 de la mañana que entendí su comentario cuando me dolía doblar los dedos de los pies y el cansancio amenazaba con tumbarme. Otras medias, un gorro que reemplace el que perdí, más mallas y si puedo un sleeping, me anoté para el 8 de Agosto. Y es que así como yo para el frío, el movimiento de mujeres lleva meses, años, alistándose a punto de pañuelazos, intervenciones y discursos para dar la batalla por la dignidad de las mujeres. Digo dignidad y la resalto con verde fosforescente porque es esa la disputa que estamos dando; porque pedir Aborto Legal, Seguro y Gratuito tiene que ver con libertad de elección, con maternidades deseadas, con autonomía del cuerpo, pero fundamentalmente con que la ley y el mundo entero nos perciba como personas dignas de tomar decisiones conscientes, meditadas e informadas por sí mismas. Es nuestra dignidad la que está en juego cuando nos piden que no seamos “asesinas” y carguemos con un embarazo no deseado para luego darlo en adopción; es nuestra dignidad la que violentan cuando aseguran que vamos a abortar desaforadamente si se aprueba, porque solo sabemos abrir las piernas y mágicamente embarazarnos solas como María; es nuestra dignidad la que repudian cuando son fanaticxs del feto y aseguran estar a favor de la vida, mientras permiten la muerte de miles de mujeres pobres en abortos clandestinos.

Porque a los bien llamados “anti derechos” no les importa el feto, no les interesa la vida ni mucho menos la niñez a la que sentencian a parir frutos de violaciones. Su lucha es por mantener el status quo en el cual las mujeres, por putas, por pobres, por lesbianas, por negras, por machonas, no tienen la capacidad ni la dignidad para decidir sobre sus propios cuerpos y sus propias vidas. Por eso su odio visceral a nuestras consignas y nuestras ganas de dar vuelta todo. A los poderosos con “O” mayúscula, les aterra pensar que nuestra marea verde les puede ahogar junto a sus conceptos vetustos y violentos. Nosotras nos hemos encargado de que no se olviden que es así, que ya despertamos y si “nos tienen miedo es porque no tenemos miedo”. No tenemos miedo de sus ataques a las compañeras que portan orgullosas el pañuelo, no tenemos miedo de sus nefastxs diputadxs que nos mandan a parir como a “perras”, no tenemos miedo de esa “iglesia católica, apostólica y romana que se quiere meter en nuestras camas”, no tenemos miedo de sus médicos del medioevo que creen en preservativos de porcelana y tampoco de sus autoridades que responden “no sé” y nos mandan al psicólogo tras ser violadas.

Nosotras vamos por todo.

Por eso llevamos meses poniéndote el verde abortero en la cara para que no se te olvide que aquí estamos. Nos armamos y salimos a la calle para que lo veas empapándote la cotidianidad, en tu clase, en tu tele, en tu trabajo. No te olvidas de nosotras ni cuando te subes al colectivo o cuando sales a hacer compras. Encuentras pañuelos verdes hasta en los conciertos. Es nuestra insignia y recordatorio de lucha. Es un símbolo que nos permite gritarle al otre que esto está pasando, ahora y en todos lados porque ya nos alistamos y llevamos consignas, carteles, marchas y debates en la maleta. Pero mientras lo usamos de recordatorio para el otro, lo portamos también como insignia para recordarnos y reconocernos en la multitud. Como señal de que no estamos solas, que transitamos junto a otras que también luchan y construyen en pos de nuestra libertad. Nos miramos los verdes y sonreímos con complicidad, con la certeza de que podemos vencer y la penetrante sensación de pensarse inmensa.

La ola de los pañuelos verdes no es más que la expresión de un repertorio de lucha y movilización contundente y punzante como la que caracteriza a la Argentina; una manifestación que le rinde tributo al movimiento de mujeres, a las Madres y las Abuelas que han puesto el verde junto a su pañuelo blanco. Una jornada histórica para toda Latinoamérica en la que los de siempre legislaban y decidían sobre nosotras, pero sabiendo que estábamos afuera vigilantes, demostrándoles en las calles que para nosotras no es un juego, que ellxs cargan con la responsabilidad de estar a la altura de nuestro momento porque sus votos los dejarían de un lado u otro de la historia. “Históricas, no histéricas”, el grito de Argentina enciende a la región entera que deberá nutrirse de este aprendizaje para seguir dando la batalla de nuestra dignidad.

#QueSeaLey