FORO DE L@S COMUNES

El 26 de abril de 2014, por convocatoria del Foro de l@s Comunes, se realizó un amplio debate público sobre la cuestión de las izquierdas, la participación política y las perspectivas de Alianza País luego de las elecciones locales del 23 de febrero y de cara a su IV Convención Nacional.

En el debate participaron militantes de diversas organizaciones políticas de izquierdas, organizaciones populares, miembros de CRC y ciudadanos comprometidos, desde varios espacios, con el proceso de cambio en curso en el país. Un trazo común en esta heterogénea participación fue la lectura crítica del momento político que viven AP y el resto de las izquierdas y la voluntad de tomar parte de un proceso de deliberación colectiva que permita reconducir las lógicas de acción política del movimiento gobernante para enfilar hacia una efectiva transformación del Ecuador.

En Las tesis de abril se recogen las principales aristas del primer debate convocado por el Foro de l@s Comunes para discutir la vida política y partidaria de las fuerzas populares del Ecuador. El documento reelabora las propuestas iniciales (“Lo que señala el 23-F: siete tesis para el debate de AP y las izquierdas”) a la luz de las principales contribuciones de los participantes en dicho debate. El texto se divide en tres grandes partes: i) análisis del 23-F; ii) caracterización de AP y las izquierdas; y iii) propuestas de renovación política de cara a la Convención de AP. Al final, se incluyen los específicos aportes de las cuatro mesas en que se organizó el debate.

PARTE I
EL 23 DE FEBRERO DEL 2014

Tesis 1.
AP: Ganar perdiendo

Los resultados del 23-F son paradójicos y no pueden ser leídos de modo lineal. AP sigue siendo la primera fuerza a nivel nacional –tanto en el total de votos como en el número de alcaldías y prefecturas ganadas- pero sus derrotas en territorios claves no pueden ser subestimadas.

Aunque no existe ningún movimiento/partido nacional que haya obtenido al menos la mitad de los votos que obtuvo AP a nivel nacional, perder 21 de 24 municipios de las capitales provinciales y perder 17 de los 20 cantones más poblados es una contracción de la fuerza política del movimiento. El resto de las izquierdas también están largamente estancadas en su caudal electoral (Pachakutik) o han visto casi desaparecer su fuerza en las urnas (MPD).

A pesar del entrampamiento de AP no se puede decir que alguna otra fuerza política gane de modo nítido lo que el movimiento gobernante ha perdido. En las 20 capitales que no ganó AP, las fuerzas triunfadoras están muy repartidas (PSC: 3; SUMA: 3; CREO: 4; PSP: 1; AVANZA: 4; Movimientos Locales: 5) y nadie capitaliza de modo concentrado los relativos retrocesos del oficialismo. Todo aquello permitiría concluir que AP no pierde porque ningún otro ganó.

Tesis 2.
El déficit de gestión política de la Revolución Ciudadana

El revés de AP en la jornada electoral del 23-F remite a diversas causas:

– La campaña subestimó el peso de lo local en el proceso político nacional. Tal sesgo sería tributario de un enfoque global de la Revolución Ciudadana (RC): la defensa de la legitimidad de los intereses generales por sobre aquella de las demandas específicas (identidades de género, derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo, interculturalidad y plurinacionalidad). No dar cabida a “las partes” en sociedades de baja homogeneidad y sin partidos políticos capaces de intermediar demandas diferenciadas termina por debilitar los nexos del Estado con la sociedad y por dejar a múltiples reivindicaciones populares por fuera del debate público. Luego de 7 años de gobierno de la RC aquello puede estar pasando factura a AP.

– La estrategia electoral se personalizó en torno a Rafael Correa, sobrestimando la capacidad de endosar el voto del Presidente hacia el conjunto de AP en los territorios. Ello eclipsó a las candidaturas locales. Esto sería efecto de la incapacidad del movimiento de gobierno para producir una estructura descentralizada y colectiva de liderazgos.

– Se observan enormes debilidades de los gobiernos locales a nivel de gestión pública. La ciudadanía castigó dicha ineficiencia: el 70% de los alcaldes que se presentaron a la reelección, sea cual sea su organización política, fueron derrotados. AP no es la excepción. Esto indicaría que: i) no existe una adecuada articulación política entre el gobierno central y los territorios; ii) que la Revolución Ciudadana no ha consolidado un programa para la gestión y la democratización del poder local; y, iii) que no se han preparado las condiciones políticas e institucionales para acelerar los procesos de descentralización y desconcentración.

– Se evidenciaría un déficit de gestión política de la RC. No se trata simplemente de incorporar demandas populares en la agenda de gobierno –algo que la RC ha hecho desde sus inicios- sino de hacerlo en el marco de relaciones más fluidas y horizontales con la sociedad. El gobierno ha perdido interlocución política con diversas organizaciones sociales y ha bloqueado la posibilidad de una gestión democrática de los conflictos con otro tipo de actores. Un gobierno popular debe colocar al diálogo como herramienta de construcción política en lugar de abrir escenarios de confrontación estéril. Se requiere más interlocución y entendimiento -sin claudicación- con las fuerzas democráticas y populares del país.

– El déficit político de la RC tiene mucho que ver con la errática evolución de AP en los últimos años. La RC ha construido gobierno pero no ha dado prioridad a la construcción democrática y robusta del movimiento o partido político. La estructura organizativa es opaca y la identidad político-ideológica tiende a desvanecerse. El peso de la dirigencia por encima de las bases es enorme y ello habría incidido en la elección, muchas veces, arbitraria de los candidatos por sobre los procesos locales del movimiento. Sin la participación de la militancia se reduce la legitimidad de las candidaturas y se fisura la unidad interna del movimiento. Las disputas entre facciones se multiplican.

– Todo lo anterior requiere de mayor músculo político y, más aún, de formas organizativas más robustas y democráticas. No hace falta apenas mejor marketing y más publicidad sino más partido, más organización política y más participación popular a la interna y a la externa del movimiento político.

PARTE II
EL ENTRAMPAMIENTO ORGANIZATIVO DE ALIANZA PAÍS

Tesis 3.
AP y la frustración de la militancia

– A la luz de los resultados del 23-F, el resentimiento de la base para con la jerarquía parece grande. Las energías militantes tienden a ser bloqueadas “desde arriba”, las mayorías se quedan fuera y sin posibilidad de incidencia sobre las principales decisiones de AP. En Quito, Cuenca, Manta y en otras ciudades se habla de verticalismo y discrecionalidad en la conducción del movimiento y en la elección de las candidaturas locales.

– Aquello indicaría que hasta ahora AP no ha sido gestionado de modo radicalmente democrático y deliberante con la sociedad y las bases. Se observa, por el contrario, una cierta “oligarquización” de la dirigencia. Cabe entonces preguntar si en las últimas elecciones no solo se penalizó a los candidatos, a los gobiernos locales o al propio Presidente sino además, si los militantes de AP se distanciaron de su propio movimiento y penalizaron a sus dirigencias. No en vano, en las tres ciudades más grandes del país –y donde la militancia de AP es más fuerte- se perdieron las elecciones (aún si la votación al concejo municipal en Cuenca y Quito fue importante).

Tesis 4.
La pura dinámica electoral ahoga la vida partidaria

– La frustración de la militancia de AP estaría vinculada a la ausencia de vida partidaria real. El movimiento funciona, sobre todo, como aparato electoral y entre elección y elección no se ponen en práctica las tareas fundamentales que toda organización con vocación transformacional debe apuntalar: procesos formativos, discusión ideológica, renovación democrática de las dirigencias, rendición de cuentas y articulación deliberante con el conjunto de la sociedad. Los imperativos de la dinámica electoral clausuran la posibilidad de la participación sustantiva de la militancia en la construcción de un partido/movimiento democrático que aspira al socialismo del buen vivir.

– La centralidad del juego electoral dentro de AP se verifica en el modo de funcionamiento de gran parte de los Comités de la Revolución Ciudadana. Éstos se activaron, en lo fundamental, de cara a las últimas elecciones. No se construyeron, sin embargo, como espacios de participación política de la militancia en los territorios. Por el contrario, se trata de células que emergen para apuntalar candidaturas locales o para acceder a determinadas cuotas de poder. Ello tiene como efecto la existencia de CRC “de papel” y la intensificación de diputas políticas en los territorios. La imagen de AP se deteriora y se reducen las expectativas de participación popular en el movimiento.

Tesis 5.
Falta de reconocimiento de las tendencias

– AP nació y ha operado como una suma de fracciones. Éstas, sin embargo, actúan sin expreso reconocimiento político del movimiento lo que impide que actúen de modo visible y transparente. Su difusa existencia acelera disputas internas por espacios de poder, alienta un sectarismo paralizante y bloquea el debate político real sobre los grandes dilemas del movimiento. Es necesario, entonces, que tales sectores y fracciones se expresen sin temores de visibilizar sus supuestas agendas propias. “Si en 2010 se acordó bajar las banderas de los grupos (no todos lo hicieron) ahora es el momento de alzarlas, pero no como grupos de presión por espacios, sino como identidades político/ideológicas que asumen diversas maneras de afrontar el desafío de construir el Ecuador del Buen Vivir y diversas maneras de orientar y organizar la RC para lograrlo”.

Tesis 6.
La ambivalente política de las alianzas

– Si la política de alianzas electorales de AP ha sido uno de los factores que explica su sólida implantación política a nivel nacional, no siempre ha contribuido a consolidar la identidad política del movimiento y las posibilidades de la transformación histórica. En política es indispensable cierto grado de realismo, según como se mueven las coyunturas, pero no se pueden sacrificar principios y definiciones programáticas claves en nombre de cálculos cortoplacistas. Las alianzas son necesarias pero deben emerger de consensos internos y, en lo fundamental, con la perspectiva de articular a las fuerzas -populares, progresistas y de izquierdas- comprometidas con el cambio estructural del país. Los resultados obtenidos en Chimborazo reflejan, por ejemplo, la productividad de la articulación entre AP y las organizaciones indígenas y campesinas de la provincia.

PARTE III.
Propuestas para la renovación democrática de AP

Tesis 7.
La urgencia del partido

– El escenario antes descrito exige producir nuevas prácticas y discursos políticos que reconstituyan la centralidad del partido/movimiento dentro del proceso de cambio y que, al mismo tiempo, activen una renovación real de sus dirigencias y de sus modos de funcionamiento. No hay revolución democrática que se proyecte en el largo plazo sin la construcción de una organización colectiva sólida, deliberante, participativa y en permanente interlocución con la sociedad.

Tesis 8.
El sentido de la renovación política

– Luego de las elecciones del 23-F se abre, entonces, un nuevo momento político para AP que demanda al conjunto de la dirigencia y la militancia una enorme capacidad de autocrítica, de imaginación política y voluntad de cambio para que, en el marco de la unidad, se abra un escenario que permita:

• Reconfigurar la dinámica organizativa de AP a fin de democratizarlo y convertirlo en un instrumento de poder popular para profundizar los cambios estructurales a los que aún aspiran amplios sectores sociales en el Ecuador;

• Encaminar la configuración de AP como una organización política con mayor autonomía del Gobierno a fin de dinamizar su propia vida partidaria y de procesar de modo más fluido las distintas demandas populares;

• Convertir a AP en un interlocutor democrático de la sociedad para incidir de modo dinámico en el gobierno central, los gobiernos locales y en el conjunto de fuerzas políticas del país.

Tesis. 9
Ni maximalismo refundacional, ni gatopardismo

El 23-F ha desatado un cierto debate sobre las posibilidades de renovación de AP de cara a la Convención Nacional del 1 de mayo. Las posiciones se dirimen entre el gatopardismo (“cambiar todo para que las cosas sigan iguales”) de aquellos que procuran superar el revés electoral de modo pragmático y sin abrir la discusión política sobre el futuro del movimiento y el maximalismo basista de quienes se ilusionan, de modo cándido, con que las energías participativas de la militancia podrán refundar al partido de la noche a la mañana.

Entre estas posiciones urge abrir una perspectiva que asuma con realismo y capacidad crítica el momento político del movimiento. No todo lo andado es desechable –AP permitió la recomposición del sistema de partidos, volvió a esperanzar a la sociedad con la posibilidad de un nuevo modo de hacer política, se convirtió en una fuerza nacional en medio de las tendencias regionales de los partidos dominantes, etc.- pero tampoco se puede aspirar a proyectar el proceso de transformación hacia largo plazo con unos pocos cambios cosméticos en las estructuras del movimiento.

Se trata de abrir el debate, mediando entre todas las posturas existentes y preservando la unidad de AP, para encaminar un conjunto de reformas globales y específicas sobre el estatuto del movimiento, su estructura orgánica, las relaciones bases- dirigencia y la dinamización de la discusión ideológica. Dichas reformas deben elaborarse de modo procesual y progresivo –no basta un día de Convención- para que la militancia se reapropie del partido/movimiento y que se generen prácticas políticas democráticas y comprometidas con el cambio radical que demanda el país.

Más que directrices de ‘arriba a abajo’, la Convención debe encaminarse como un proceso pedagógico en que dirigentes y militantes asuman un compromiso colectivo para: construir un verdadero partido político, democratizar las relaciones internas, incrementar la participación de la militancia y abrir la deliberación pública con la sociedad. Para forjar tal escenario se plantean las siguientes ideas:

1. Asumir la IV Convención Nacional de AP como la apertura de un proceso de debate y de cambios profundos en el movimiento.

2. Evitar cualquier tentación de resolver los problemas de sectarismo, de déficit organizativo y de pugnas internas de poder con fáciles salidas verticalistas y que clausuran el debate colectivo.

3. Encontrar formas organizativas que permitan el reconocimiento de las tendencias del movimiento tanto a nivel nacional como en los territorios.

4. Robustecer las Comisiones de AP y clarificar sus relaciones con los territorios.

5. Desarrollar mayor interrelación entre las autoridades electas (nacionales, locales y parlamentarias ) y los debates del movimiento.

6. Repotenciar el estatuto del movimiento: ubicar posibles reformas democratizadoras y, sobre todo, respetar las reglas de juego ahí establecidas.

7. En tanto que organización política nacional y de izquierdas, AP debe abrirse hacia el conjunto de actores sociales y movimientos populares que –aún si están distanciados de la RC- han contribuido a las luchas históricas del país.

8. Profundizar los procesos formativos, la construcción programática, la discusión ideológica de los principios de AP de cara a la construcción del socialismo del buen vivir y construir escuelas permanentes de formación política.

9. Transformar los CRC en espacios protagónicos que permitan una participación política crítica, reflexiva y deliberante de los militantes.

10. Diseñar mecanismos democráticos para la designación de candidaturas del movimiento y para la toma de decisiones.

11. Dar cabida a las nuevas generaciones y a la renovación de cuadros a fin de asegurar la continuidad de los cambios políticos en curso.

12. Reconstruir la imagen de un movimiento político de revolucionarios más cercanos a la gente. Se requiere una mayor interlocución entre el proceso político y la ciudadanía, más humildad y ética de servicio a los grandes intereses populares.

Las posibilidades del cambio en la estructura de AP son varias. Nadie tiene la fórmula correcta. Aquella solo puede provenir de la discusión abierta y de una actitud responsable, crítica y generosa para con la sostenibilidad del proceso de cambio en curso. Cerrar tal escenario, no obstante, solo puede ampliar las opciones para la atrofia de la política democrática y para el retorno al Estado de quienes históricamente solo han defendido un puñado de intereses de los poderosos.

-Foro de L@s Comunes-

Arte Foro de los Comunes