El feminismo se perfila vertiginosamente como el movimiento con mayor potencial para transformar radicalmente la sociedad latinoamericana en el contexto de resistencia actual. Después de un periodo en el cual sus demandas se habían acuartelado en instituciones públicas especializadas en temas de género y de políticas hacia las mujeres o se habían anquilosado en la alta sociedad civil (ONG, academia), hoy el grito feminista retoma las calles y los espacios públicos como medio de presión.

La lucha contra el acoso sexual (#MeToo), el feminicidio (Ni una menos, Vivas nos queremos), la legalización del aborto en Argentina, el éxito de la huelga feminista en España y el “mayo feminista” en Chile son símbolos del renovado protagonismo del movimiento feminista. Estos ejemplos van más allá de reivindicaciones sectoriales o particulares. Cuestionan fuertemente las relaciones de género, las violencias en contra de las mujeres así como el lugar y los espacios ocupados por éstas en la sociedad. La radicalización de la democracia pasa por una emancipación de las mujeres y por la ruptura de las relaciones de poder que sostienen la dominación masculina, invisibilizan las diversidades y dan forma a la sociedad patriarcal.

En Ecuador, analizar la década pasada en clave feminista constituye un reto. Si bien hubo avances en torno a la ampliación de derechos como, por ejemplo, los derechos laborales de las trabajadoras del hogar, el reconocimiento del trabajo reproductivo no asalariado y su afiliación a la seguridad social, la ampliación de los espacios de participación política de las mujeres y diversidades, además de algunos avances para intentar erradicar la violencia de género (el reconocimiento del feminicidio en el Código Orgánico Integral Penal es uno de ellos), no se puede negar que existieron contradicciones y conflictos alrededor de al menos dos políticas: la despenalización del aborto y el oscurantista Plan familia (http://www.forodeloscomunes.org/primeraplana/el-foro-de-los-comunes-denuncia-el-oscurantismo-de-monica-hernandez/). Análisis aparte merecen las numerosas expresiones despectivas del ex presidente Correa quien hizo de su posición en este tema el piso y techo de las demandas. Por supuesto, no toda la política institucional se agota en el intercambio legislativo-ejecutivo. En el plano de los gobiernos autónomos descentralizados ha existido un heterogéneo tratamiento de reivindicaciones feministas, al igual que en el seno de las instituciones de educación superior. Pero para una transformación radical hay todavía mucho que hacer. Las alertas después de un año de gestión del gobierno actual son evidentes. En lo estructural, el retorno de políticas neoliberales solo puede agudizar aún más las desigualdades y en lo simbólico, cuando en el discurso político se vuelve a hablar de primeras damas, sabemos que estamos ante muy retrógradas concepciones de género.

Desde el Foro de los Comunes, creemos que no se puede hablar de lo común dejando de lado los feminismos. Queremos participar en la construcción de un movimiento feminista popular anclado en las realidades de la sociedad ecuatoriana pero transformándola también, luchando contra los rezagos conservadores que están todavía presentes en su seno. La denuncia de las diferentes violencias cotidianas, las reivindicaciones de derechos como el de decidir sobre el cuerpo (lugar por excelencia de la acumulación de violencias), el reconocimiento de diversidades, la visibilización del trabajo de cuidado, la lucha por la apropiación de los espacios públicos y el destierro del acoso de medios de transporte, lugares de trabajo e instituciones educativas, las luchas para la igualdad de tratamiento en el ámbito laboral (particularmente, pero no solo, a nivel de los salarios), entre otros, son parte del bien común al que aspiramos.

 La construcción de lo común pasa por la lucha a favor de la emancipación, la igualdad y la autonomía de las mujeres. Esto no es solo una tarea de las mujeres sino de toda la sociedad, y esto implica también que los hombres deben cuestionar su masculinidad. Retomando las palabras de la feminista Maxine Molyneux: “el género es relacional, tratarlo solo como un problema de mujeres es como aplaudir con una mano”. Solo a partir de este fuerte cuestionamiento de varios tipos de dominaciones es posible la ampliación de derechos y la radicalización de la democracia.