Foro sobre el “Vacío Político de Quito”

Revisar la estructura tarifaria del transporte urbano marca hoy, a fuego, el debate público. En su torno, Correa y Nebot re-escenifican su episódica confrontación ahora, quizás, con inusitada beligerancia. Aquello no es solo efecto del talante polarizador que portan en su ADN político ambos personajes. De ninguna manera. La tarifa del transporte –y el enorme poder corporativo de los gremios del ramo- es piedra angular en la modulación de las tendencias al conflicto en la democracia ecuatoriana. La estabilidad política de la Revolución Ciudadana no puede desligarse del mantenimiento del valor de pasajes de buses/taxis y de los subsidios asociados. Por el contrario, el ciclo neoliberal articuló la protesta social al ajuste constante de las tarifas de transporte y combustibles. Modificarlas incendia, pues, el tablero político y hace temblar el pulso de los más firmes liderazgos.

En tal escenario, el alcalde de Quito, Mauricio Rodas, se agazapa. Su voz solo adquirió cierto espesor en la cumbre de Guaranda cuando -sentado junto a un inédito Nebot con chompa y fuera de su feudo- defendió la autonomía municipal mientras cuestionó la nueva competencia de los cabildos para fijar las tarifas del transporte. El concejal Ricaurte –y no alguien de Alianza País (AP)- frenó tal perfilamiento. Rodas se refugió entonces en el Campus Party. Desde ahí tuiteó sobre las ‘alcachofas en Marte’ mientras la ciudad debatía sobre la movilización social –impulsada, entre otras razones, por la posible alza del transporte- que convulsionó el centro histórico de Quito el 17-S. Sintomático gesto. Rodas elude la polarización, rehúye a la lucha, teme pronunciarse. La táctica es identidad. Sigue ahí a pie juntillas la ficción de Durán Barba: a una ciudadanía harta de la política, el “nuevo progresismo” solo debe ofrecer buena onda, emociones frescas, una “realidad de todos los colores”,  en fin, gestión sin conflicto.

Rodas escapa así a la polarización correísta. Sin poder convertirlo en nítido adversario, el oficialismo carece de otro libreto político para la capital. El guión de la nueva derecha no ha sido descifrado por AP. Los esfuerzos recientes por caracterizarla como una restauración conservadora no logran digerir al alcalde querubín. El shock del 23-F no pasa, aún si hay tímidos signos de vitalidad interpretativa (Frente Unidos, ELAP, Somos Ecuador) que podrían abrir un momento de revalorización de la política, el conflicto y la movilización social. Aquello no alcanza a ocultar, sin embargo, que tras las dificultades del oficialismo para leer a Rodas se sitúa, en y más allá de Quito, el desdibujamiento de sus propias fronteras ideológicas (ITT, Acuerdo Comercial con Europa, etc.). Así, entre la política-soft de la buena imagen (Rodas), la evaporación de la identidad política de AP y la ‘marcha en su propio terreno’ de las otras izquierdas se abre la sensación del vaciamiento político de la capital.

Tal lectura, ¿interpreta de modo cabal el momento histórico de la ciudad? ¿Cuál es el significado político del nuevo alcalde? ¿Por qué AP no puede leer a Rodas? ¿Cuál es el campo de acción que emerge para el campo popular, las izquierdas y los nuevos actores sociales y políticos (estudiantes, peatones, ciclistas, LGBTTI, activistas de la cultura, jóvenes, foros, colectivos políticos, etc.) en Quito y el país? Tales son las preguntas que coloca a debate el FORO DE LOS COMUNES en la perspectiva de ocupar el vacío y afirmar el espacio político de lo posible.

@ForoComunes